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El ocaso de la causa

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Soy profesor desde hace un tiempo, varias generaciones de estudiantes de Diseño y Comunicación han pasado por las aulas que imparto. Para mí no existe una causa perdida, pues aun siendo el único que crea en una causa, no está perdida. Un lejano febrero de 1989 inició la era democrática en esta nación, recuerdo la intensa efervescencia de todo un país al ver como acababa una era de absolutismo e iniciaba la democracia, no entendía bien en esos años qué era la democracia, he leído y me han instruido sobre la democracia, pero terminando la segunda década del siglo veintiún, no sé lo que es la democracia, he escrito varias cosas, casi en sorna sobre los distintos desgobiernos de esta larga y soporífera transición hacia la democracia plena.

He enseñado con frenesí la importancia de la tolerancia, el perdón, la diversidad, he trabajado en muchos proyectos sociales que perseguían concienciar sobre estas cosas. He superado mis misóginas ideas, mis conceptos homofóbicos, he pasado el ridículo…

Manifiesto en contra de todo

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No, no estoy a favor de nada, lo admito. Cuando descubrí el infortunio de la fe decidí no creer en dios, ningún dios, cualquier dios en mayúsculas o minúsculas, bueno o abyecto, es lo mismo. La religión mata la fe, por lo tanto también estoy en contra de la religión, cualquiera sea, desde la santa sede donde el vicario de la entelequia oficia de dios terrenal hasta el gauchito Gil, humilde correntino que supino en santo sin canon ni escapulario. Estoy en contra de la felicidad y también del odio, porque mientras más descubro lo que es la felicidad más cerca estoy que me guste el odio y como estoy en contra de todo, tener empatía hacia el odio haría que estuviera a su favor, por lo tanto apelo a la moralidad que condena el odio, no sé por qué pero ser feliz está bien y odiar está mal, habría que preguntarle a miles de miles de personas a lo largo de la civilización que pasaron a la historia por odiar, desde Nerón hasta el Che, caudillo del marketing comunista. Estoy en contra, eso no h…

Instrucciones para ordenar una vida

A modo de introducción Cuando vienes a este mundo, te educan día tras día, no debes tocar esto, no debes tocar aquello, no debes hacer pipí en la cama, no debes comer con la mano. Luego de un tiempo, cuando ya estás reducido a esas normas, vienen otras: no debes salir de la raya al pintar, el cielo es celeste, el sol amarillo, el pasto verde, el patito amarillo. Debes escribir entre las dos líneas, debes saber sumar, debes saber cómo fue la primera bandera de tu país. Cuando ya sabes todo eso entonces es hora de más deberes: Existe alguien que nos creó, está en todas partes así que hagas lo que hagas no podrás ocultarte, debes saber sus mandatos, debes invocar su nombre cuando deseas algo, debes invocar su nombre cuando no deseas ese mismo algo, debes invocar su nombre cuando algo te va mal o cuando algo te va bien. Te educan también que la vanidad es mala, que la democracia es buena, que a cada crimen le sucede un castigo, debes saber, siempre debes saber que el orden es lo correcto.

Yo, Policarpo*

En la ciudad de la Asunción al primer día del mes de octubre del año 1840 de Nuestro Señor Jesucristo, juro haber obrado con honradez, rectitud, siendo fiel y sumiso a las órdenes del Supremo Dictador Perpetuo de la República del Paraguay. He cumplido su merced al pie de la letra,  desde el primer día de ser funcionario público un 21 de septiembre de 1825. Yo Policarpo Patiño, Fiel de Fechos de José Gaspar de Francia  y Velasco declaro: ser el legítimo heredero por derecho natural de la Dictadura de la República del Paraguay. Maldigo a todos los gobiernos posteriores _a quienes forjen a hierro o con palabras esta nación_  a la cleptocracia como castigo, al igual que Prometeo, a esta nación le será comido el hígado por la eternidad. Con el cabestro de mi hamaca y el Prontuario de la Teología Moral a mis pies, pondré justicia. Sé que seré enterrado fuera de los muros cristianos, pero eso es parte de la maldición. Desde el averno me encargaré, con buena letra, de que el Paraguay sufra el …

Ayer

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La garúa mojaba sus pestañas aquella noche de otoño de 1975, con su dedo índice dibujaba monigotes en la humedecida tierra de la playa del lago, su tristeza se mezclaba con la melancolía, aquí no se cumple las leyes matemáticas, uno más uno no es igual a dos en los sentimientos. _ Vamos Soledad, todo ha acabado, todo está empezando. _ Mi familia, mis amigos, no los quiero lejos, no los quiero ver sufrir. _ Todo va a cambiar desde hoy, aquí no es seguro, estamos muy cerca de la otra orilla. _Dejame pensar, solo un momento.
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Igaba es un lago que da nombre a la República de Igaba, el infortunio ha perseguido esta tierra roja, de cielo celeste profundo e inacabable, de colores saturados al extremo, toda planta parece amar la tierra de Igaba, no hay planta que en este valle no pueda brotar en su forma más bella, entonces ¿Cuál es el infortunio de Igaba?
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El Teniente de Infantería Escolástico Ayer, regresa a la estancia de su familia luego de servir durante tres meses en la lucha contra las …

Muerte de Mandiju, un corcel guaraní en un quilombo pernambucano

Día 730 de cautiverio:  no puedo más, siento que el gran corcel de la muerte, el azabache mayor viene a llevarme a los páramos prometidos del mundo infinito del dios equino, aún recuerdo como fui engrillado por el cabo Seca Diablo por aquel ysypo al borde del Aquidabán Nigui, vi como esa turba de macacos brasileros se divertían con el cuerpo de mi señor, morir al pequeño Pancho en los brazos de la madama, cómo aquella soldadesca cortaba la oreja del infortunado Mariscal y aunque quise no pude ayudar a la madama a cavar la tumba de su amado hombre y del pequeño Pancho, fui propiedad de aquel cabo bandeirante por 213 días, atravesé todas las fasendas matograndenses, las Minas Gerais, vi todas las banderas y soporté la tortura de observar como los mamelucos, brutos hombres, se divertían cocinando vivos a indios y dando latigazos a negros africanos en los azucarares nordestinos, el cabo Seca Diablo me vendió a un fasendeiro y luego este pagó  conmigo, a un caipira su jornal, desde ese día…

Separar

La bala
entra en mi carne. Arterias, venas, músculos,  huesos se desgarran. ¡Alejate plomo! no te quiero en mi cuerpo, sangra mi cuerpo se retuerce mi alma. Dolor, dolor, dolor. Duele este parabellum pero más duele verte de lejos, aún humeando tu arma letal. Qué dificil es pedir a la bala que se aleje cuando está metida en la piel.