unahora


- ¿Qué hacés, papi? - fueron mis tres primeras palabras al verle.
El estaba postrado en la cama hospitalaria, el colchón sobresalía de la cama, el hierro de la estructura se dejaba ver al natural por debajo de varias capas viejas de pintura de diferentes grises, observé el mentón hundido de mi padre, su piel opaca, magra y arrugada, daba la impresión de ser un viejo árbol ya corroído por las termitas y todas las plagas, pero negándose a caer.
- Todo bien hijo, vamos tirando - me contestó, casi ninguna de sus palabras eran comprensibles, pero como _y desde que enfermó_ siempre me contestaba lo mismo, por más que me hubiera dicho en gíglico, hubiera comprendido sus palabras. Me paré a su lado, la sábana de la cama era un lienzo de algodón sencillo, en serigrafía estaba impreso el logotipo de Instituto de Previsión Social, cada determinada distancia, tenía algunos agujeros y manchas viejas que ya no podían salir, por más lavados que tengan, él estaba tumbado de lado, tras él una ventana dejaba ver parte de la ciudad de Asunción, desde esa ventana la ciudad parece un enorme bosque, donde esporádicamente sobresalen algunos edificios, tomé la cámara y quité una foto, el resultado fue una imagen plana cuya mitad superior fue de un celeste intenso y la mitad inferior de un verde hoja. La bandera de la ciudad debería ser así, pensé.
Apenas había llegado, ya me aburro, observo con detenimiento cada facción de mi padre, sus labios están de un color violeta negruzco, su boca desencajada, en su vientre, nítidamente se observa la cicatriz de la cirugía del apéndice que se hizo años atrás, pero que ahora se ve mas resaltada, lo veo viejo y terminado, sufro por su delicado estado de salud.
Miro mi celular, tengo un mensaje de texto, es una amiga: Solo t escribo para desear q pases lindo hoy leo el mensaje y vuelvo a ser consciente de la fecha, hoy es 31 de diciembre.
Este hospital quita todo, el hambre, las emociones, los sentimientos, pienso que, incluso quita la fe. Decido contestar el mensaje Gracias, para vos también, q pases lindo (:
-Hijo, quiero orinar – dice mi padre, justo antes que pueda dar “enviar” en el menú del celular, me apuro para traer la chata, esa especie de bacín que pensé y era un artefacto extinguido, recuerdo vagamente a mi abuela, paseaba en camisón por la casa, con su chata de aluminio en la mano, por si acaso, siempre decía, solo llevaba puesto su camisón, así que sus pechos eran visibles para cualquiera que tenía el coraje de mirarlos, tenía cuando eso unos diez años y me preguntaba si todos los pechos femeninos se veían así de feos, unos años después comprobé que no.
-Ya está – me dijo, la imagen que tenía frente a mi, con la chata entre sus piernas y su calzoncillo a medio bajar, no era para colocar como fondo de pantalla, pero es mi padre.
Lo ayude con cuidado a subir la cama, sentí sus huesos, está muy delgado, como nunca vi que haya estado, sus huesos sobresalen en todo su cuerpo, menos en su vientre, mientras lo acomodo, noto que aún no envié el mensaje, trato de presionar con la mano que tengo libre la tecla de enviar, pero aprieto el de salir, sale una nueva advertencia, en el justo momento en que mi papá apoya su brazo en mi mano libre, se presiona una tecla en forma aleatoria y alcanzo a leer Su mensaje ha sido descartado, no le doy mucha importancia al desliz, noto que la sonda que lleva oxígeno a su nariz ha salido mientras lo acomodaba en la cama.
-Levantá la cabeza, papi – él me responde con unas palabras inteligibles, luego de varios intentos logro acomodar la manguerita _por que eso es_ en su nariz, todavía no alcanzo a comprender que quiere decirme cuando veo que entra una enfermera a la habitación, tiene un tensiómetro de aire en sus manos, ese conocido aparatito para medir la presión arterial, nunca comprendí a cabalidad que es la presión arterial y por ende comprendo menos lo que es la presión alta y la baja, como siempre me gustaron los extremos, cuando me dicen su presión está normal, viene a mi la frase del capítulo 3 del Apocalipsis: “...Mas porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca...”
La enfermera toma el brazo de su paciente y me dice: Tiene que cuidar que la vía subcutánea no se mueva, aparte de doloroso, el suero no llega y se llena de sangre... ¡Eso es lo que intentaba decirme! La aguja de su brazo había salido mientras yo intentaba acomodarle y enviar el mensaje al mismo tiempo. No puede esgrimir palabra alguna en mi defensa, mientras la enfermera hacia su trabajo y mi padre me miraba con cara de “traté de avisarte” tomé mi celular y vi que tenía dos mensajes nuevos, abrí el buzón de mensajes entrantes y era de nuevo mi amiga, supuse que por que tardaba en responder, así que sin leer fui al segundo mensaje y respondí Sorrycito, no podía contestarte, deseo q pses lindo, kisses, unos segundos después entra un nuevo mensaje al buzón, lo abro y leo Andas + rarito q nunca jajajajja!!! decía escuetamente, no era de la persona que esperaba, si no de un amigo, busco de nuevo los mensajes anteriores y noto que había contestado mal el mensaje, el mensaje de mi amigo decía Demos gracias por el año que se va, brindemos en familia y con nuestros seres queridos por el año nuevo que se inicia. Bendiciones, Vicente y familia, busco al anterior, el de mi amiga y esta vez si lo leo Sé q ests ocupado, no es luego necesario q contestes decía lacónica y peyorativamente.
-Señor, la presión del paciente esta bien, pero usted debería cuidarlo mejor, se concentra mucho en su celular y no en su familiar, la salud está primero.
La mujer aprovechó que ya me tenía con las defensas caidas para darme el knockout.
-Entiendo, no se preocupe – le conteste.
-Papi, ¿Querés un poco de sopa?
Había ido a las 07.00 de la mañana a comprar maíz fresco, un poco de cebolla, tomate y zanahorias, preparé una sopa sin sal, con apenas unas gotitas de aceite, le puse queso criollo, aparte hice unos filetes de tilapia cocinados en agua y un poco de limón y además un poco de arroz, también sin sal, había preparado también jugo natural de duraznos, lo endulce ligeramente con edulcorante a base de stevia rebaudiana, llegué antes de las 8.30 al hospital, no habían pasado veinte minutos para que una enfermera con nulo sentido del humor, me haya dicho “...se concentra mucho en su celular y no en su familiar...”
-Despacio papi, no tomes rápido la sopa.
-Esta rica mi hijo, ¿Compraste del super, es sopa en sobre?
-No, hice yo, esta mañana temprano.
-Parece sopa en sobre, que se le echó verduras.
-Hoy es 31 de diciembre... - cambié de tema, así también evitaba pensar que hubiera comprado sopa en sobre no más. Mi padre no contestó nada, siguió tomando la sopa. Agarré mi celular, corroboré de no contestar mal y respondí al primer mensaje Lo siento, estoy en el hospital con mi papá, gracias por los buenos deseos.
-Esta bueno ya mi hijo.
Sostuve el pequeño plato, caneca, lo llama él, lo ayude de nuevo a que se acueste, esta vez tuve cuidado con la vía subcutánea, la sonda del oxígeno, luego puse mi celular en la mesa, al lado de su cama.
-Tranquilo, no te alteres, no hables mucho, te vas a aventar, vas a tener muchos gases ¿Si? Descansá un rato.
Todavia no terminada de hablar cuando suena el celular, era mi hermana.
-¿Estas en el hospital?
-Buen día – dije, queriendo hacerle notar su falta de cortesía
-¿Estas o no estas en el hospital?
-Si estoy, te dije que iba a venir.
-¿Papi esta bien?
-Si todo bien, su presión está normal, comió un poco de sopa, todo bajo control – ni si era sometido a La Cuna de Judas, el mítico instrumento de tortura de la edad media, iba a contar lo que me había dicho la enfermera.
-Ok, todo bien entonces, che, pasame porfa, por mensaje, el número de celular de ese lugar donde vos solés alquilar sillas y mesas, va a faltar para esta noche, ¿Vos no venís, verdad?
-¡No voy! Te dije que me quedaba hoy en el hospital, no me importa si es 31 de diciembre o 31 de agosto, día de San Ramón Nonato – exclamé sulfurado.
-Buenoooo, esta bien, te llamo a la media noche, pasame el num de celular, chausito.
-Adios.
No me importaba en verdad que sea el último día del año, ya había decidido que pasaría en el hospital, me conciencié para ello, después de todo, el que convalecía era mi padre.
Busqué en el directorio de mi celular, encontré el número y estaba por enviar la tarjeta de negocios al número del celular de mi hermana, cuando entra a la habitación un doctor, tras él, la agria enfermera, trato de bajar mi teléfono para que ella no lo vea... tarde, recibo una mirada inquisidora de la mujer, en el bolsillo de su uniforme alcanzo a leer “Lic. María Gabriela Jimenez” mientras el doctor me saluda de cortesía y se dirige a mi padre, ella le pasa una plancheta con la ficha del paciente.
-Disculpame María Gabriela, es que mis hermanos están preocupados por mi padre y me escriben y me llaman, quiero decirte que sí estoy preocupado por mi papá.
-No se preocupe, entiendo, nos puede pasar a todos – respondió, esta vez, con empatía.
-Se me dice Maga, María Gabriela es muy largo.
¿Maga? ¿Cómo la protagonista en Rayuela?
¿Rayuela, qué? No entiendo.
Nada, es una novela de Cortazar, muy buena.
¡Leí también! Me encantan los Cronopios, los Famas y los Esperanzas.
Ella sonrío, Maga es una mujer de unos 35 años, 1,65 metros y alrededor de 60 kilos, ligeramente excedida en peso, pero comprendo que en un hospital no mucho tiempo para ir al gimnasio, pero si mucho para compartir cumpleaños y todo tipo de festejos entre compañeros de trabajo, es de tes muy blanca, pelo castaño que lo lleva en una sutil trenza romana, lleva unos anteojos de marcos azules, muy propio de la onda intelectual, tiene un lunar en el mentón y lleva puesto una colonia que le sienta bien, en el poco espacio que el cuello de su uniforme deja ver, se vé además una inmensa cantidad de pecas.
-Me identifico con los Cronopios – dijo ella
Yo también – yo también, le contesto.
Cuando termino de hablar, ambos notamos como el doctor nos miraba a los ojos, no dijo una sola palabra, pero el mensaje era claro: si quieren cortejar, por que no buscan otro lugar. Tanto Maga como yo sentimos vergüenza, en su mano, como en la mía brillaban nuestras alianzas, hace solo unos minutos atrás me había tratado casi de humano insensible y ahora, un celoso doctor, nos hacía sentir poco menos que amantes.
-Hijo, acomodá la almohada y poné algo bajo mis pies.
Si papi – al mismo tiempo suena mi celular, es mi hermana de nuevo.
-¡Pasame pues el número!
-Buen día – le digo de nuevo
-Tengo miedo que alquilen todo, hoy es fin de año.
-Ya sé que es fin de año, estaba atendiéndole a nuestro padre, bueno, te paso, chau.
Corto la conversación y le acomodo una almohada bajo los pies de mi papá, luego llevo lentamente mi mano hacia el celular, lo levanto y veo que ha entrado un nuevo mensaje Pobrecito, no sabía, q c mejore, donde c van hoy? llamame cuando puedas era mi amiga, buscó de nuevo en mi agenda lista de contactos y esta vez sí envio la tarjeta de negocios al número de mi hermana. Me siento, veo que mi padre está quedándose dormido, le tapo, apago el aire condicionado, miro por la ventana y decido abrirla un poco. Pienso que debo estar ahí hasta el otro día a las 8.30. Se ha quedado dormido, un poco de costado, su lengua casi sale de su boca entreabierta, suspiro, lo veo mal. Tomo de nuevo mi celular y veo que hay otro mensaje en el buzón, es mi hermana Grazie!, avisame si necesitás algo sta noche.
Salgo de la habitación, estoy en el pasillo, dejo la puerta entreabierta por si despierta, busco entre los contactos el número de mi amiga, la llamo, suena unas cuatro o cinco veces, luego del otro lado alguien dice:
-Hola, ¿Cómo estas, que le pasa a tu papi?
-Tiene que operarse, esta internado y no puede estar solito, ¿Que tal vos?
-Bien, ¿Y justo hoy te toca?
-Si, llegué a un acuerdo con mis hermanas, ¿Por qué, que tenés en mente?
-Nada, es decir, si ustedes iban a alguna parte, para ir yo con ustedes, anoche rompí con Joaquín, estoy sola y ustedes son mis amigos...
-¿Rompiste?... no, no puedo, voy a estar aquí toda la noche, me comprometí, y nadie, nadie de nadie, va a querer venir a reemplazarme, ni si le pago.
Ambos reímos como cómplices cuando dan “un buen golpe”, más relajado, apoyo mi pie y descando mi espalda en la pared del pasillo, con la mano que tengo libre, acomodo mi cabello, levanto la mirada y veo a la licenciada María Gabriela Jimenez saliendo de la habitación que está justo frente a mi, bastaron unas milésimas de segundos para ver la expresión en su cara, antes aún de poder quitarme la sonrisa de mi rostro, escucho un enorme ruido, era la ventana que se había cerrado violentamente con el viento, desde la habitación del frente alguien grita: ¡Andá cerrá tu ventana!.
La licenciada Jimenez, se adelanta se me adelanta y con pasos acelerados entra a la habitación, mi padre está sentado en la cama con los ojos desorbitados, por el susto, su vía subcutánea había salido de nuevo, la enfermera cierra la ventana, tranquiliza a mi padre, le coloca una nueva vía, todo sin mirarme, termina de arreglar todo y vuelve junto a mi.
-La salud está primero, feliz año nuevo – dijo fríamente, antes de salir de la habitación.
En mi celular hay dos mensajes, leo el primero me cortaste ): leo el segundo Todo bien por ahi? Era mi esposa. Decido no contestar ni uno, ni el otro, miro el reloj y son las 9.30 de la mañana, había pasado una hora desde que llegué, aún me faltan once.

Comentarios

kpark ha dicho que…
La salud es primero, señor! jejejeje Me gusta como está escrito, este año me dí cuenta que la víspera del año nuevo es solo un día más, pero para que sea productivo, termine frente a la tele tomando una birra sola con muchoooooos bocaditos! Si hubiese sabido que ibas a pasar en el hospital te llevaba unos bocaditos jajaja (y unas latitas)
Marian ha dicho que…
linda historia..
Guiye ha dicho que…
netre el piri que casí se dio con un poco de remodimiento nose bien por que y admiración por los detalles. Muy bueno!
Joselo Moro ha dicho que…
Bien redactado Osvaldillo, me gusto, a todo esto como esta tu padre, se recupero?, casi me olvidaba de preguntarte, un abrazo

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