Chipa Perurima

A este individuo Perurimá, se le atribuyen muchas historias, muchas... falaces, bolas como cañón-bala, otras quizás verdaderas, pero lo "añeté de añeteces" es que Perú es un arriero bandido, de esos que disfrutan la posesión de un alma atorrante, de los que sostienen: jodo luego existo.
Esta historia cuenta como Perú, sufre en cada semana santa por su imposibilidad de dejar de comer carne vacuna, única carne animal, capaz de recibir ese nombre, puesto que a cualquier otro animal que piensa comer lo llama por su nombre: vamos a comer gallina, quiero comer pescado, hoy está lindo para el Kuré, y así, pero cuando dice "quiero carne" es sola y únicamente la de res, cosa que por cierto es algo normal en la cultura guaraní, en los copetines, despensas, autoservicios e incluso en las grandes cadenas de supermercados o en pintados restaurantes las empanadas puede ser de: carne (es decir, vacuna), pollo, jamón y queso, choclo, palmito y cuanta combinación se pueda imaginar, pero no existe la "empanada de vaca", carne _al decir de él mismo_ solo puede ser llamada la de las bonachonas vacas.
Ante la cercanía de la Semana Santa, su humor se descompone, como si el viento norte lo soplara desnudo, pues tanto su esposa _mi patrona, como la llama él_ como su suegra _yryvu, al decir de Perú_ lo obligan a mantener una vigilia, e invariablemente debe respetarla desde el domingo de ramos: magnífica entrada de Jesucristo a Jerusalen; el lunes santo: unción de Jesús en casa de Lázaro; el martes santo: Jesucristo anticipa a sus discípulos la traición de Judas y las negaciones de Pedro; el miércoles santo: La conspiración entre el Sanedrín y Judas Iscariote para traicionar a su maestro; el jueves santo: el lavatorio de los pies, la última cena y la oración de Jesús en el huerto de Getsemaní; viernes santo: los interrogarorios de Herodes y Pilatos, la flagelación, el vía crusis, la crucifixión y sepultura de Nuestro Señor; el sábado santo: la vigilia pascual hasta el domingo santo: resurrección y pascua de Jesucristo.
El hecho concreto es que al llegar "la conspiración entre Sanedrín y Judas" Perurimá ya estaba cerca de ahorcarse _al igual que Judas_ o vender los secretos del sacerdote del pueblo (los conocía todos) por 30 chorizos picantes, en este caso no se trataba del "beso de Judas" si no del "Besito de Perurimá".
Llegado el jueves santo, tanto la esposa como la suegra encomendaron la preparación del chipá a Perú, estos tradicionales y sabrosos panecillos de mandioca era el único menú hasta el día de la Pascua, se trataba también de la única oportunidad que las mujeres le daban para que cocine y de esta manera descuidaban ligeramente la celosa vista que guardaban sobre la alimentación digna de fieles que obligaban a mantener a Perurimá.

-No vamo un rato al lavatorio.
-Andate che ama, preparo mucho chipá no te vacha a preocupar
-Anike nde letradose Perú, chake Ñandejara nde rekastigata hina.
-Tranquila, che ko cristiano de palabra, obra y pensamiento.
-mmmm, maomeno no má, nunca ko te keré ir a la igresia.
-pero siempre me voy a la pesca con el pa´i.
-pero eso é otra cosa, ademá el pa´i tiene su sotana dentro de la misa no má.
-le voy contarle que andá diciendo cosa fea del, no vacha ser así, che reina.
-¡Nambrena! prepara katu la chipa, hace linda forma, no le haga má con forma rara, mamá ko se enoja, el año pasado hiciste todito con forma de animale y dijiste que etabamo pecando al comer bicho.

Perurima, preparó el horno y luego la masa: juntó el aramiró, el queso, los huevos, el aceite vegetal _no podía usar grasa de chancho ni pella de vaca_ luego puso la leche, el anís y la sal. En diferentes bandejas fue poniendo las chipas a las que dió formas de roscas y panecillos simples, antes de preparar las chipas de la última bandeja pegó un fuerte silbido, unos minutos después, del fondo del patio apareció un chiquilín, dejó una bolsa de hule, clavada en el alambre de púas del cerco, Perurimá observó con detenimiento a su alrededor y luego fue con premura a tomar la bolsa, con cuidado de no ser visto, incluso por la celestial y omnipresente Trinidad, luego de tomar la bolsa llegó hasta la mesada cerca del tatakua y sacó el contenido: unas tiras de cecina. Mientras hacia la señal de la cruz, para expiar su pecado, comía con la otra mano la tira más grande, el resto lo cortó en trozitos  y fue metiendo un trozo en el interior de cada chipa de la última bandeja.
Una vez cocinadas todas, las puso en el ajaka, las chipas de la última bandeja las colocó bien al fondo del canasto, luego se sentó bajo un árbol de Paraíso y esperó a su patrona tomando terere, las mujeres llegaron pasada la media mañana, luego de la larga eucaristía de más de dos horas donde el sacerdote, preguntaron si estaban listas las chipas, a lo que Perú con un discreto movimiento de cabeza, asintió.
Ambas tomaron en sus manos un par de chipas y se sentaron junto él bajo el árbol, antes del primer mordisco la suegra sentenció: Que lindo olor pa que tiene ete año la chipá Perurimá, agarré una de abajo ité por que son la má blandita.

Comentarios

moroguillermo ha dicho que…
Uhhh, aninati karai Peru, amóntema, con su chipa camuflado. Lindo texto Osvaldillo!!!

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