Tatakua al lago

Ya no estás horno efímero, tus ladrillos ya no hornean nada, fuiste esa figura esbelta, erguida  al lago, como cóncavo y convexo, como un ejercicio bidimensional. Ya no estás, y aquella ave no usa más la tangente superior de tu elipse ladrillera como mangrullo, ni tu arco de medio punto, es cobijo de de ese teju, que en días sol, salía a calentar su sangre, ya no estás, la urdimbre de tus ladrillos, hechas por una mano aficionada, con sus chichones mal alineados, ahora reposan aleatoriamente sobre el pasto, ya horneas, ni eres mangrullo ni cobijo.

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