Crimen de una O


Aún con las esposas inmovilizándola, la O _decimosexta letra del alfabeto español y cuarta vocal del mismo idioma_ no se la ve arrepentida, ante el fiscal, sin pestañeos ni gesto oclusivo alguno relata cuanto sigue:
Yo, O de nacimiento, descendiente directo del jeroglífico Ir, del protosinaítico oyin y del griego omicrón. Declaro que he torturado con abyecta satisfacción a la letra A, así también a la B, a la C… y a la E, salvo esta última,  luego de asesinarlas, las he despedazado y con la misma frialdad de Charles Manson, he cocinado las vísceras de esos glifos y disfrutado, con un buen vino, mi obra.
¿Qué me ha llevado a hacer esto? Se preguntará el fiscal. Existe un abecedario, un alfabeto ¿Quién o quiénes fueron los que ordenaron ese conjunto de letras? La palabra alfabeto es xenófoba, discrimina a las demás letras, se habla de la primeras letras de esta letanía de morfemas que hacen al idioma, pero nadie, nunca, se ha preguntado si a las demás letras les agrada ser parte de un “a-b-c-dario”, esa A, esa maldita A, esa malparida A, hasta tiene una novela: El Aleph. ¿Por qué Jorge Luis decidió nombrar a su serie de cuentos de esa manera? Estoy convencido Señor Fiscal, que hubo cohecho, esa A, con sus curvitas de minúscula inocente le puede engañar a muchos pero los que la conocemos, o mejor, los que por infortunio, la hemos conocido, sabemos que ella se metió con todos los verbos, así hayan sido copulativos, transitivos, intransitivos, reflexivos, recíprocos, atributivos o de estado. También, Señor Fiscal, es de vox populi que hay un sujeto y un predicado metido entre las aventuras de esta desvergonza vocalucha, bien, de esta que fue una desvergonzada, me encargué que la justicia lingüística le dé su merecido.
Ella fue una engreída, sepa usted eso, todas las veces que podía, nos hacía recordar que está presente en casi todo, que nadie nunca pensó en llamar “opequdario” al conjunto de letras que hacen a este idioma, esa idea me pareció, una de las pocas interesantes que tuvo, recuerdo cuando fundé un movimiento que pretendía cambiar el nombre de “abecedario” por el de “letrario” que es mucho más incluyente, ecuánime y suena casi poético. Pero esa, ella, siempre se confabula con esas dos, que se hacen las mosquitas muertas, creen que son consonantes con prosapia, y se olvidan que si se las conoce es porque la A esta cerca de ellas. Cuando fue el Cónclave de la Real Academia, junto con mis compañeras de lucha, la U, la H y la Q, fuimos condenadas por el libelo que presentamos contra el uso de “abecedario” y “alfabeto”, esos miserables que se jactan de eruditos de la lengua, dijeron que “letrario” no es nada, es inaceptable y que no es posible cambiar un término por el capricho de una vocal de cuarta… ¡Y qué quieren si soy la cuarta vocal, ni la primera, ni la última, soy la cuarta!
¿Por qué la asesiné? Por qué no soporto su uso en casi todas las palabras, cuando una institución educativa abre secciones empieza por la A, luego B y con extrema bondad llega a la D… ¿Cuándo, cuándo existió una sección O? nunca, nunca de los nuncaces. En otra oportunidad cuando reclamé que existan cincos usos verbales finitos en el modo infinitivo, es decir: -ar, -er, -ir- OR y –ur, fui objeto de burla generalizada, estoy convencido que “amor” es un verboide de “amo”, amar está mal dicho ¡He dicho!
Cuando una maestra enseña a sus párvulos, siempre pierde la mitad del año a enseñar a dibujar la “a” y la “A”, luego dice: la I es un “palito” y la O, es como un globo, como una panza grande… ¡Injuria! ¡Calumnia! ¡Difamación! Es un delito, contra el honor y la buena fama, soy una simple O, una más del letrario castellano, a nadie hago mal ¡Por qué entonces la saña hacia mi forma? La “a” se parece a un pene flácido y nadie nunca dice nada, los tipógrafos pierden días, meses, hasta años diseñando una “a” espléndida y luego ponen dos elipses cualesquiera para darme forma, y luego en sus congresos hablan y hablan de la elegancia de la G, de la armonía de esa X, de la legibilidad de la A… ¡Paparruchadas! Pierden más tiempo en crear la virgulilla de la Ñ que en detenerse a observar el grado de dificultad que amerita mis curvas, solo unos pocos, como Manuncio, tuvieron en cuenta la complejidad de mí ser.
¿La E? …con ella, con ella tuve un problema, era buena letra, amiga y buena compañera, nunca, a pesar de ser la letra más utilizada en este idioma, hizo alarde de eso, la humildad siempre fue un rasgo significativo en ella, entonces ¿Por qué la maté? Era necesario, cuando algo es tan similar a uno, entonces, tu alma misma está a prueba, es como ser la luna, y una noche, una noche cualquiera aparece otra luna en el cosmos, nadie soporta eso, en esta vida, solo puede haber una luna. No habla la envidia, habla la cordura… tuve que hacerlo, para poder seguir siendo singular, no podía cruzar miradas con ella, sabía lo que pensaba, no podía mirarle, entendía sus miradas y por eso, por el bien de ambas,  sacrifiqué la E.
Condéneme Fiscal… condéneme a sufrir, pero solo por la E.

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