Manifiesto en contra de todo

No, no estoy a favor de nada, lo admito. Cuando descubrí el infortunio de la fe decidí no creer en dios, ningún dios, cualquier dios en mayúsculas o minúsculas, bueno o abyecto, es lo mismo. La religión mata la fe, por lo tanto también estoy en contra de la religión, cualquiera sea, desde la santa sede donde el vicario de la entelequia oficia de dios terrenal hasta el gauchito Gil, humilde correntino que supino en santo sin canon ni escapulario. Estoy en contra de la felicidad y también del odio, porque mientras más descubro lo que es la felicidad más cerca estoy que me guste el odio y como estoy en contra de todo, tener empatía hacia el odio haría que estuviera a su favor, por lo tanto apelo a la moralidad que condena el odio, no sé por qué pero ser feliz está bien y odiar está mal, habría que preguntarle a miles de miles de personas a lo largo de la civilización que pasaron a la historia por odiar, desde Nerón hasta el Che, caudillo del marketing comunista. Estoy en contra, eso no hay duda, y la duda hace que no esté a favor del comunismo, pues en apariencia, desde el homo sapiens ya existe el concepto de “mío” y “tuyo” y si un pensamiento defiende la idea que todo es de todos es porque al mismo tiempo todo pertenece a algo, como la patria, por ejemplo, entonces la patria tiene algo que es suyo y no es de los demás. Estoy en contra, más en contra que el párrafo anterior, del capitalismo, pues acumular hacienda conlleva más a la angustia de la soledad, nadie más solo que un millonario, creo, aunque mis detractores dirán que no hay mejor soledad que la compañía de los billetes, y lo que pienso es que finalmente, una de esas personas que tienen mucho, muchísimo dinero, se muere igual que yo, se pudre de la misma manera y las moscas disfrutan de mis vísceras pobretonas llenas de mortadela y vino en cartón que las tripas alimentadas con quesos gourmet y Moët & Chandon. No, no estoy ni voy a estar nunca a favor del amor, el amor es un chantaje del universo, creo más en la teoría de que Jehová hizo los cielos y la tierra en siete días a que existe el amor, me parece más prudente la idea del bigbang a que dos seres tengan intercambio de emociones en forma permanente, el amor es como las lágrimas, uno nunca sabe si son reales o de chantaje, no hay examen de ADN para determinar la veracidad e intensidad de lo que una persona siente por otra, aún más en contra estoy con el corazón, órgano vital que sirve para que nuestras carnes, huesos y cuanta menudencia tengamos sigan con vida, no hay forma que pueda creer que en el corazón radican las emociones más hermosas del ser humano. En contra y con todas las letras estoy del gobierno, no importa de cual, estoy en contra, ya he vivido en regímenes conservadores, dictadura, neoliberalismo, socialismo y de igual forma, invariablemente todos persiguen meterse cuanta cosa puedan en los bolsillos, aumentar su bien pecunario sin importar de qué forma. Así que no vengan con la retórica del bien común, del progreso para el futuro de la patria, patriota es el imbécil que se pone la casaca de su selección nacional de fútbol y va al estadio, grita y salta como un macaco en celo, pensando que un partido de fútbol es una guerra, casi olvido, estoy en contra del fútbol, que es una forma permitida de violencia, es como la ensalada de lechuga: excusa suficiente para que la gula no pese entre los pecados, podemos decir que almorzamos un cerdo entero, pero con ensalada de lechuga, que ya estamos expiados. Nunca voy a estar a favor de la ley, muchos de mis amigos abogados van a odiarme por esto, pero recuerden que al empezar esta letanía contrera dije que prefiero el odio a la felicidad, bien, como decía, no estoy ni podré estar nunca a favor de la ley, porque la ley no existe, me dirán que la justicia, astrea, los derechos, el código, el digesto y toda el palabrerío propio del poder judicial, que piensa que es superior a dios, cualquier dios, que está por encima de todos y que cuando debe impartir justicia se rige por el siguiente axioma: para los amigos todo está permitido, para los enemigos está la ley, para el resto la fianza. Y así, por último estoy en contra de lo que pienso, porque no puedo estar a favor de mi pensamiento pues ato con alambre mis ideales, no tengo palabra y sufro de sentir y disentir, de no poder creer en nada, aun cuando sé que debo creer, no puedo amar porque odiaría a quien ame, sufro de este maniqueísmo, herejía que niego y afirmo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El ocaso de la causa

Ayer