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Al todo o nada

¿Hay tango en dos cuerpos desnudos? Cuánta nieve hay en mi alma! Qué silencio hay en tu puerta! Se escuchaba cantar al Varón del tango , como complemento de una boca que se deslizaba en las inmediaciones de un ombligo que no esquivaba los labios. La boca fue al encuentro de los labios y hasta la música suspiró. Un candado de dolor Me detuvo el corazón. Le susurraba al oído la letra gris de Nada y sus uñas se clavaron en la espalda, la tristeza del tango no pudo, esta vez, con el éxtasis. La pasión no precisa de allegros para mostrar su energía, la milonga del deseo es un compás binario que no permite olvidos. Nada, nada queda de tu casa natal… Ambos cantaron aquella línea entre besos y al terminar aquel triste tango, ella le dijo: puedo imaginar esa casa. Él le contestó: y yo ese rosal. Tienen tanto en común como las causas que los separan, pero cuando las miradas coinciden, todo se complementa, hasta los silencios con olor a libros viejos, sus mir

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